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Los incómodos viajes en metro

Los incómodos viajes en metro

Todos los que viajamos en el metro de la Ciudad de México a horas pico saben el suplicio, dolor, depresión y angustia que esto produce. Pero no basta con que existan ríos de gente empujándose por todos lados, personas aplastadas en las ventanas, mujeres empujándose por querer robar el lugar vacío y hombres peleándose porque se metieron en la fila; existen otras situaciones externas a la falta de educación del ser humano que hacen que estos viajes sean reverendos trenes del infierno.

¿Qué tal los vendedores ambulantes? Aquellos que entran al vagón con sus bocinas enormes para venderte un CD que puedes encontrar gratis en Youtube o en Spotify; y aunque el metro esté a reventar, no tienen compasión, para usar una palabra dulce, y se meten pidiendo permiso como si hubiera espacio para dejarlos pasar.

Los que entran vendiendo chicles o pañuelos de papel son ignorados por todos ya que lo único que desean comprar en ese momento es un boleto que los saque de ese lugar y los aviente a una playa junto con una piña colada, pero ellos siguen vendiendo sin importarles el apretado espacio.

Algo también molesto e incómodo son las personas que se sientan en el piso o las señoras que llevan sus sillas plegables para poder sentarse libre y cómodamente. Esta acción estorba muchísimo y luego se molestan porque les pegas con la bolsa les pisas la mano o los aplastas al momento de los empujones. Nadie les dijo que se sentaran donde no deben.

¿Y qué tal en tiempos de calor? Si los trenes son del infierno, en primavera o verano estos van directamente al núcleo de la Tierra. El calor es insoportable y llegas a tu trabajo chorreando con ganas de aventarte un clavado a alguna alberca cercana. Los ventiladores no funcionan y las ventanas abiertas no sirven para nada. Entran humanos a los vagones y sale una barbacoa bien cocida de ellos.

Pero a pesar de que estos momentos son horripilantes, seguimos usando el transporte porque no tenemos otra opción, porque es lo que nos tocó y porque es el día con día y lo tenemos que aguantar, aunque nos pese…y mucho.

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